El Campo de San Francisco: aventuras y desventuras de un jardín en Salamanca

Entre conventos, cúpulas y campanarios vive retirado el céntrico Campo de San Francisco. Un jardín con ilusiones de paseo, un campo venido a parque. El “monte mítico” que enamora a Miguel de Unamuno, el “recoleto parque” donde Carmen Martín Gaite intuye de joven que Cervantes en persona la está armando “caballero andante de las letras”.
 
Este Campo de san Francisco recoleto, enclaustrado, literario y lleno de historias, vivió épocas de esplendores y espacios mayores que hoy.

arboles torres
 
Cuenta Villar y Macías que se llamaba “Campo de San Francisco” al terreno comprendido entre la Veracruz y el desaparecido convento de san Francisco, y entre la muralla y un jardín que tuvo el palacio de Monterrey. Es decir, que el convento vacío de las Adoratrices que hoy vemos se eleva sobre la mitad perdida del Campo de san Francisco.
 
Pero no fueron las Adoratrices las que partieron el Campo de San Francisco por la mitad. Fue una plaza de toros; o el interés de la política por poner toda clase de facilidades para dar diversión y distracciones al pueblo.
 
Pero vayamos por orden, porque la historia del Campo de San Francisco empieza mucho antes de Miguel Unamuno, de Carmen Martín Gaite y de una plaza de Toros.

Al iniciarse el siglo XVIII no sabemos si este terreno espacioso que llega hasta los jardines de Monterrey, conserva aspecto campero o si de vegetación no le queda ya mucho más que el nombre. Sea como fuere, en el año 1700, las autoridades de la época lo toman más por solar que por campo y lo utilizan para acumular las piedras necesarias para levantar allí nada menos que dos cuarteles. El proyecto se abandona porque estalla la Guerra de Sucesión y prefieren dedicar las piedras a reforzar la muralla de la ciudad.
 
Tras acoger tanto material de construcción, es de suponer que el aspecto del Campo de San Francisco no sería ya muy campestre. En medio de este más que probable pedregal abandonado brillaría mucho el humilladero que en 1710 había levantado la cofradía de la iglesia de la Veracruz.
 
Villar y Macías lo describe así:
Estaba situado en el campo san Francisco frente al convento de las Úrsulas. Conocido popularmente con el nombre del Crucero. Cerraban este humilladero hermosas verjas y le adornaban diez y ocho corpulentos y frondosos álamos.
La cofradía celebraba aquí en semana santa el acto del Descendimiento.
 
Hoy, el Descendimiento también se celebra en el Campo de san Francisco, a los pies de un crucero que nada tiene que ver con aquel de las hermosas verjas y los frondosos álamos.
 
El crucero, las verjas y hasta los álamos se derribaron en 1787 y dice Villar y Macías que “con general sentimiento”. La desaparición del humilladero entristeció a los salmantinos, y seguramente también al Campo de San Francisco que debió de quedar ya completamente desolado y ruinoso.
 
El crucero que hoy conocemos está situado mucho más arriba de donde se encontraba el primitivo, y es un símbolo franquista. Toribio Andrés en Salamanca y sus alrededores explica –en un párrafo empalagoso hasta la náusea, pringoso de adulación al dictador y sus tropas– que el crucero se erigió al terminar la guerra civil en homenaje a los caídos de las tropas franquistas.
 
Por eso, sin ánimo de molestar a nadie ni hacer polémicas, no parece que tenga el menor sentido celebrar hoy el Descendimiento a los pies de este crucero.
 
Que tampoco estoy diciendo que haya que coger un mazo y tirarlo abajo, porque hay días que esa cruz cortando el horizonte nos ofrece una imagen bonita. Pero está bien y es justo que sepamos cual es su origen, que al mirar ese crucero reneguemos de dictadores y valoremos la libertad, y que la palabra “humilladero” y sus ecos de tiempos antiguos no nos llame a engaños, porque el origen de este crucero ni es tan antiguo ni desde luego tan religioso.

Humilladero del Campo de San Francisco, Salamanca
 
Habíamos dejado el campo de San Francisco en 1710, en estado desolado y ruinoso. En semejante situación no es extraño que en los años noventa del siglo XVIII se piense en este lugar como el indicado para enclavar un nuevo edificio: el colegio de la orden militar de Alcántara.
 
Se llegan a levantar los dos primeros pisos. Pero explica Villar y Macías que los vecinos frailes del convento de san Francisco no estaban muy conformes con la construcción, y entre eso y que estalla la guerra de la Independencia y otras vicisitudes que Villar y Macías no detalla, se decide paralizar las obras.

Otro edificio frustrado;  da la sensación de que el Campo de San Francisco estaba predestinado a los árboles.
 
Con la construcción del colegio de Alcántara abandonada aumentaría la desolación del Campo de San Francisco. Y permanecería así hasta que en 1828 las autoridades deciden rescatarlo.
 
Según Villar y Macías plantan sobre el terreno más de seiscientos álamos y trasladan a él la fuente de la plazuela de Monterey.
 
Se construyen dos escaleras de acceso en los lados más largos del jardín y varias escalinatas interiores para salvar los desniveles.
 
Acaba de nacer un espectacular Campo de San francisco.
Campo de san Francisco columna
Imagen publicada en Basílica Teresiana 15 de diciembre de 1905. Obtenida de la web de prensa histórica

Debió de ser una transformación tan grande, que las autoridades no dudan en dejar una inscripción en recuerdo de la hazaña.
 
Un reportero de El Adelanto informa a los salmantinos del hallazgo de esta inscripción en 1919 :
Sobre el pretil del paseo de las Carmelitas, frontero a la casa del guarda del Campo de San Francisco, nuestro amigo nos ha invitado a leer la añosa inscripción que existe, en una piedra que sirve de pared de la misma casa del guarda, y cuya inscripción ha sido respetada en el enjalbegado y revoco de las paredes de la casa.
[...]
Dice así la inscripción, al pie de la letra tomada:
REINANDO D. FERNANDO 7º Y
SIENDO GOBERNADOR POLITICO
IMILITAR DE SALAMANCA,
EL CORONEL DEL R. CVUERPO DE
ARTILLERIA D. YSIDRO LÓPEZ
DE ARCE, SE CONSERVÓ ESTA CASA,
SE TRASLADO LA FVUENTE Y
SE PLANTARON 635 PIES DE NE-
GRILLO PARA LA COMODIDAD DEL
PÚBLICO. – AÑO 1828

No sé si la casita que hoy vemos en la parte alta del parque se corresponde con aquella casa del guarda. Si es así, en su interior debe de estar la inscripción, siempre y cuando hayan seguido respetándola...
 
El abandono que durante siglos parece haber perseguido al Campo de San Francisco revoloteaba sobre el flamante jardín de los 635 pies de negrillos. Sólo once años duró este Campo de San Francisco.
 
En 1839 las autoridades conceden las licencias necesarias para transformar en plaza de toros la mitad más grande del casi recién estrenado Campo de san Francisco. Incomprensible.
 
Los constructores de esta plaza adquieren también el vecino convento de san Francisco, por entonces ya en ruinas. Las piedras del convento se utilizan para cimentar la nueva plaza.

Los encargados de la construcción no debían de tener muchos remilgos culturales ni religiosos, porque al parecer hasta las esculturas de santos del convento de san Francisco van a parar a los cimientos de la plaza de toros. Se inaugura en 1840.

Desde el obispado no se tarda mucho en hablar del origen sacrílego de la plaza de toros. Aunque las desventuras del nuevo coso taurino habían empezado antes de esas declaraciones, porque enseguida se descubre que la construcción es defectuosa y hasta insegura.

Entre sacrilegios y peligros, el público empieza a escasear. Las reparaciones que necesita la plaza son demasiado costosas para abordarlas, y en 1867 la plaza es demolida.

La mitad del campo de San Francisco vuelve a estar en ruinas.

columna del convento de San Francisco
Parece que esta columna perteneció al pórtico del desaparecido convento de San Francisco. Fuente: El suelo de Salamanca

Pero la mitad superviviente ha ido transformándose en un paseo relativamente frecuentado por los salmantinos, especialmente en verano y sobre todo los jueves y los domingos. Esos días toca en el Campo de San Francisco la banda del Hospicio. Y aunque la Plaza Mayor sigue siendo el paseo preferido, muchos enfilan también por la calle del Prior hasta el campo de San Francisco.
El Campo de san Francisco tuvo su época de esplendor. Allí se congregaban las gentes y daban vueltas alrededor, quizá acompasados a los acordes de una banda municipal o provincial.
Juan Domínguez Berrueta
Así se recuerda aquel Campo de San Francisco en El Adelanto:
aquellas avenidas umbrosas, silenciosas, aquellos macizos pintorescos, floridos y vistosos, aquellos álamos copudos y aquellos cipreses altivos.
Entre avenidas umbrosas y macizos floridos los salmantinos pasean y también se buscan.
[…]fue un tiempo lugar de discreteos amorosos de las damitas salmantinas y de los galanes más atildados que hoy peinan canas
Antonio García Boiza.
[…] hice propósito firme de lanzarme a la primera aventura amorosa y, para no gastar tiempo en elegir, aceché desde aquel mismo instante a Rosita Saura, que en dirección contraria a nosotros y del brazo de dos amigas, paseaba por el Campo de San Francisco. Luis Maldonado
Por el día, los árboles frondosos llenan de sombras el Campo de san Francisco y por las noches la escasez de farolas lo hunden en la penumbra. Muchas noches, la iluminación nocturna del Campo de San Francisco corre por cuenta de la luna.
 
Los periodistas de la época denuncian así la falta de luz.
El Ayuntamiento, al llevar allí el paseo con la música, nos invita en cierto modo a una fiesta, dejándonos luego sin luz con notoria descortesía.
Excelentísimo Sr.: en nombre de los concurrentes al Campo y especialmente de las hermosas salmantinas, pedimos a V.E. media docena siquiera de farolas para que, cuando menos, puedan reconocerse los paseantes. 
A OSCURAS
(CUADRO SIN LUZ AL NATURAL)
EN EL CAMPO DE SAN FRANCISCO
– ¿Sabes, chico que no guipo?
– ¡Pues si tú no guipas que tienes buenas vista!...
– ¿Quién es esa que ha pasao? ¿No es Carmen?
– ¿Qué sé yo?
– ¿Pues sabes que estamos lucidos?
– ¡Y tanto!
--Mira, mira, vamos a ponernos aquí, junto a esta farola a ver si la vemos pasar, porque si no... en toda la noche no la vamos a encontrar.
*
**
– ¡Vaya una morena! ¿Eh?
– ¡Qué ha de ser morena, hombre!... Si es más rubia que el oro.
– ¡Estás fresco!
– ¡Tú si que lo estás!
– Pero, hombre, paece mentira...
– Eso mismo digo yo, que paece mentira...
– Se nesecita estar ciego, hombre.
– No, lo que se necesita es tener la vista que tú tienes, que no ves un burro a cuatro pasos.
– ¿Quiés ver cómo te veo a ti pa soltarte un trompis?
– ¡Puede!
– ¿Que no? ¡Pues toma!
– ¡Eh, señores!, haya paz, que aquí la culpa no es de sus ojos de Vds., sino del Ayuntamiento que nos deja a oscuras.
– Tienes usted razón, cabayero.
*
**
– Oye, oye. ¿No es aquella Conchita?
– Si que lo es.
– Pues ¿sabes que me gusta la desfachatez? ¿Si creerá que porque estamos a oscuras no voy a ver que la acompaña un individuo? Ahora mismo la voy a dejar plantá con una fresca, y de camino le rompo el alma a ese chiquilicuatro que lleva al lao.
– No hagas barbaridades, hombre.
– Ahora vas a ver lo bueno. Digasté, mala facha, ¿a quién ha pedío usté permiso pa compañar a esa joven? Y tú, mosquita muerta, ¿de cuándo acá te has pensao que el hijo de mi madre va a aguantar estas cabronás?
– Pero Pepe, no digas disparates; si es mi hermano...
– ¡Ah!... Si no lo había conocío... Con estas oscuridades...
*
**

Como la guasa de los periodistas del XIX empieza a coger en este punto cierto regustillo machista, dejamos aquí la sucesión de escenas pintorescas y continuamos nuestro paseo.
 
Tan popular y concurrido era el paseo, que en el año 1885 el propietario de un coche de caballos solicita licencia para pasear ¡en el coche! por el Campo de San Francisco. Ya aviso que el Ayuntamiento no se la concede. Se ve que lo de sacar el coche para cubrir las distancias cortas es una tradición que a Salamanca le viene de lejos...
 
Con el paso del tiempo el murmullo de gente en el Campo de san Francisco se va apagando. Las ruinas de la plaza de toros en la mitad perdida del Campo empiezan a atraer conflictos:
[…]es muy rara la noche que no ocurre algún lance entre las ruinas de la antigua plaza de toros
La fuente del Campo de San Francisco era una de las más abundantes de la ciudad y a ella acudían en enjambres las mozas del servicio:
Durante todas las horas del día y de la noche el Campo de San Francisco ofrece el más animado aspecto.
Las muchachas que van por agua entretienen el tiempo de la espera en conversar tranquilamente con el novio o en corretear chillando por los jardines.
Cuando llega la hora de coger el agua, la algazara suele degenerar en riña, y tan pronto se rompe un cántaro como se zurran la badana unas mozas.
Entre los conflictos que atraen las ruinas de la plaza de toros y la afluencia al caño de las mozas y sus novios, el Campo de San Francisco deja de estar de moda entre las damitas bien de la ciudad y sus galanes. El clasismo también deja su impronta en el Campo de San Francisco.

fuente campo de san francisco salamanca
Imagen publicada en Basílica Teresiana 15 de diciembre de 1905. Obtenida de la web de prensa histórica
Las restos de la plaza de toros se cercan. Es un intento quizá de evitar los conflictos e inseguridades que atraen siempre las ruinas. Al final, el solar es adquirido por la orden de las Adoratrices para construir allí el convento. Se trasladan al nuevo edificio en 1886.
 
La llegada de las Adoratrices trae peripecias nuevas al Campo de san Francisco.
 
Al colegio que dirigían en aquella época las Adoratrices iban a parar jovencitas sin recursos. Allí se les procuraba una formación sencilla, y al cabo de dos o tres años se les buscaba trabajo de sirvienta en alguna casa. Se trataba de dar una alternativa rápida a la prostitución, que era una amenaza cierta para aquellas mujeres que se encontraban sin dinero y sin hombres de su familia que pudieran ampararlas, en una época en la que si no eras hombre no podías formarte para ejercer una profesión que te procurara un sueldo.
 
Así que, hasta cierto punto, las Adoratrices quizá pudieron ayudar a mujeres. Aunque la solución que ofrecieran fuera sexista y nada revolucionaria respecto a mejorar el papel de la mujer en la sociedad, que era la raíz del problema. Y que sigue siendo en el fondo la raíz que hay bajo el problema de la prostitución. La mujer en situación de inferioridad, en desigualdad, esclavizada. La prostituta hoy, ayer y siempre es en inmensa mayoría una mujer explotada que no ha tenido oportunidad de acceder a un mercado laboral ni de formarse para desarrollarse profesionalmente.
 
Sobre las Adoratrices hay también una leyenda negra. Se rumoreaba que sus centros docentes funcionaban más como reformatorios que como colegios, y que no se trataba muy bien a las muchachas que por unas razones o por otras iban a parar allí.
 
El Campo de San Francisco fue testigo de algunas fugas de chicas que saltaban el muro de la huerta.
 
En 1887 El Fomento publica la siguiente noticia:
Ayer tarde llamó la atención de varias personas ver sola y marchar de prisa por las Afueras de la ciudad, a una muchacha que sin duda para ocultar su procedencia, llevaba tapada la cabeza con la parte posterior del vestido, resultando luego ser una de las acogidas en el Convento de las Adoratrices, establecido frente al Campo de San Francisco. A los pocos momentos de fugarse salieron dos Hermanas en su seguimiento, pero no habiendo podido alcanzarla, los agentes de la autoridad se encargaron de personarse en la casa de la fugitiva, y entregarle las ropas que llevó al convento recogiendo de paso los hábitos que usaba dentro de él.
En 1906, El Adelanto cuenta que Petra Pablos, una joven de 19 años, hija de un labrador, se arroja con decisión por la tapia del convento:
Según nos han contado Petra Pablos subió a la tapia por donde se arrojó con una seguridad y un aplomo extraordinarios. Ya en la tapia pidió a unas muchachas que iban al caño de San Francisco, que la ayudaran a bajar, y como éstas se negaran alegando que el prestarle ayuda podía irrogarles perjuicios, se tiró a la calle.
Se rompió la pierna y se dislocó un pie. Petra explicó sus motivos a los periodistas que la entrevistaron:
Se llama Petra Pablos, tiene 19 años de edad y es natural de Miranda del Castañar, donde reside su padre que es labrador.
De aspecto simpático y rostro agraciado, la educanda respondía serenamente a cuantas preguntas la dirigimos.
Vestía hábito azul con toca blanca, calzando alpargatas negras.
Petra Pablos nos dijo que llevaba en el convento unos 3 años y que durante este tiempo había recibido malos tratos en él, y que si antes no se había fugado, había sido por no tener ocasión para ello.
Que esta mañana la encontró, y sin esperar a más se arrojó por la tapia, pues estaba cansada de sufrir y de tolerar los penosos trabajos que en el convento se la encomendaban.
También nos dijo que su padre la hizo entrar en el convento para aprender labores, cosa que según Petra Pablos, no hacían.
Le había escrito a su padre hace unos 15 días y temía que la carta se hubiese perdido.
Los reporteros de El Adelanto entrevistan a la superiora de la orden y esto fue lo que dijo:
La superiora, que nos recibió con toda cortesía, nos dijo poco más o menos:
No ha sido una monja la que se ha escapado, sino una de las jóvenes recogidas en el convento.
Su conducta era muy mala y nosotras no podíamos tenerla aquí más tiempo.
Escribimos a un hermano que tiene en miranda del Castañar diciéndole, que su hermana no podía continuar en el Convento.
Como el hermano de ella no contestó y no podíamos tenerla aquí le dijimos que tenía que salir del convento y buscamos una casa conocida donde pudiera entrar como sirviente. […]
La explicación que para nosotros tiene el suceso es la de que se ha escapado no porque aquí se la tratara mal sino despechada porque su familia no se ocupaba de ella y no hacía caso ninguno de nuestras cartas diciéndole que vinieran a buscarla porque aquí no podía continuar.
Da la impresión de que Petra Pablos, con sus diecinueve años, su aspecto simpático y agraciado y su rebeldía (¡bien por ella!), estorbaba. Petra Pablos no importaba mucho ni a su padre ni a su hermano ni a las monjas Adoratrices. Nos quedamos con la preocupación de no saber qué sería de ella...
 
Algún enamorado que otro rondó también por el Campo San Francisco, alrededor del convento de las Adoratrices. Así lo cuenta El Adelanto:
Ha sido detenido el último Tenorio, que parodiando la leyenda de los novelones por entregas se dedicaba a encaramarse a los árboles del Campo de San Francisco para sorprender a su doña Leonor que llora en las celosías de las Adoratrices. El pobre ingenuo se llama Juan Hernández Espeso.
Pues no es por nada pero entre las que lloraban a sus tenorios en las celosías y las que saltaban la tapia de la huerta, da la impresión de que en las Adoratrices medio convento estaba allí contra su voluntad...
 
Eso me recuerda una cantinela extraña que de pequeña se escuchaba en boca de los más mayores:
–Hay que ver la guerra que da esta niña. Como no te portes bien te voy a llevar a las adoratrices.
Y en aquellos años de comba y bocadillos de nocilla, lo de “llevarte a las adoratrices” sonaba a raro sinónimo de “te voy a castigar”... Pues eso....
 
Que pensando en Petra Pablos y en todas esas mujeres del siglo XIX y principios del XX, sin oportunidades de salir adelante por sí mismas, la tapia del convento de las Adoratrices estremece...
 
Cinco años después de haberse establecido las Adoratrices en el Campo de San Francisco llega Miguel de Unamuno a Salamanca. En el año 1891 toma posesión de su cátedra de griego. Se instala, recién casado, en una vivienda junto al Campo de san Francisco.
 
En 1955 aún existía esa casa y así la describía Manuel García Blanco en su estudio sobre las diferentes viviendas de Unamuno en Salamanca:
La primera morada de don Miguel de Unamuno en Salamanca fué una soleada casita, que aún puede verse,en el campo de San Francisco, esquina al paseo de las carmelitas, en lo que ya se llama las Afueras de San Bernardo. La fachada que da al Campo es de ladrillo rojo, y en su planta superior, de las dos que tiene, existe un mirador de hierro y cristales que no sé si data de los tiempos en que Unamuno vivía en ella. La que da al paseo esta cubierta de azulejos azulados en su única planta, que creo deben ser también posteriores a aquella época
[…]
Desde esta casa entabló Unamuno esa familiaridad poética, que nunca abandonó, con el que llamó el «franciscano Campo de San Francisco», y con el «alto soto de torres».
Tres años vivió Unamuno en esta casa. El Campo de San Francisco estaba poblado entonces de árboles muy frondosos que le daban aspecto de bosque abandonado más que de jardín municipal. Desde la ventana de aquella casa con fachada al Campo de San Francisco, desde su vida nueva en aquella vivienda de recién casados, Miguel de Unamuno contemplaría aquel bosque abandonado envuelto en el otro bosque de torres. Y ya nunca pudo don Miguel dejar de querer a aquel campito:

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Miguel de Unamuno de perfil sentado en muro en parque de San Francisco. Al fondo, Pontificia. Salamanca. 1934. Fondo Miguel de Unamuno. Disponible en Repositorio documental Gredos bajo la Licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0

¡con cuán otra alma se ven caer las hojas otoñales en aquel campito enclaustrado! [...] ¡con cuán otra alma ve uno caer y rodar por la tierra, entre las flores mustias, las hojas doradas del dorado otoño de la Salamanca de oro!
Miguel de Unamuno

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Unamuno paseando con una mujer con velo y un hombre por el Campo de San Francisco en Salamanca. 1923. Fondo Miguel de Unamuno. Disponible en Repositorio documental Gredos. bajo la Licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España

En 1919 el Campo de San Francisco sufre una poda salvaje. Va a ser que los alcaldes salmantinos sufren de cierto ramalazo leñador desde hace un siglo. Ahí lo dejo...

Juan Domínguez Berrueta lamentaba la poda en El Adelanto. Un párrafo que nos sirve para hacernos una idea de cómo fue el Campo de san Francisco en los tiempos que enamoró a Unamuno:
Había en Salamanca un “Campo de San Francisco” que era un jardín ideal. No había pintor o artista de algún sentimiento que no lo visitara. A la luz de la luna de las noches primaverales, a pleno sol de un mediodía de verano, en el crepúsculo de las tardes de otoño, siempre presentaba aquel “Campo” su tonalidad especial.
Todo el secreto y el misterio de aquel encanto artístico, consistía sencillamente en la sombra de los árboles.
Árboles de mucha fronda, nidales de pájaros llenaban aquel “Campo” sembrados aquí y allá, sin atenerse a la simetría geométrica […]
El “Campo de San Francisco era un refugio excelente para pasear a la sombra de los árboles en los días caniculares, en esta Salamanca sin paseos. Cuando las carreteras circundantes echan fuego, y la plaza mayor está asfixiante, con un sol de justicia que enrarece el aire entre las cuatro fachadas. El “Campo de San Francisco” daba la sensación de un refrigerio, al aire libre, a la sombra de sus árboles llenos de frondosidad. […]
Este verano no habrá sombra en el “Campo de San Francisco” […] El hacha del leñador ha pasado por aquel “Campo”, como un huracán. Las ramas frondosas han caído a tierra, y allí quedan perennes, para muestra, los troncos de los árboles, desnudos, y tristes, como “árbol sin sombra”.
Las protestas llueven en los periódicos:
Se han destruido frondosos árboles para colocar, con una simetría inaguantable, unas estaquitas y unas plantas que, sin el auxilio de lentes, es difícil ver. Y se han cortado árboles en el campo de San Francisco, que está abandonado por completo, y que hoy es un jardín que da pena verlo.
Antes los jardines de Salamanca estarían a la antigua pero lo estaban a la española, que mejor que todos esos prados que estarán muy bien en el nebuloso Londres. [...]
que no continúen las reformas modernistas de los jardines.

También Unamuno alza la voz:
el Sr. Unamuno se lamenta del desmoche verificado con la poda en el arbolado del Campo de San Francisco, donde sólo han quedado intactos los cipreses, que son árboles funerarios, y según algunos hasta reaccionarios.
Dice que se copia lo que se hace en jardinería de Madrid.
En la poda de 1919 el Campo de San Francisco perdió carácter. Podríamos decir que nunca volvió a ser el mismo. Aunque continuó ocupando un lugar en el corazón de los salmantinos.

Juan de Salamanca en El Adelanto tomaba así el pulso al Campo
Uno de esos días de otoño que son un encanto, llegamos hasta el Campo de San Francisco, lugar que en cualquier pueblo del mundo sería cenáculo de artistas.
Unos niños corretean alegremente por los paseos. Unas niñeras que huelen a casa grande, conversan entre alegres risotadas, y de cuando en cuando hablan a los niños casi siempre a grandes voces. Cuando los niños se cansan de correr con los aros, vienen al banco donde están las niñeras que les repiten una y cien veces la misma advertencia: “que levantéis lo pies”.
Los chicos vuelven a sus carreras y de pronto uno rueda por el suelo. Se levanta con gran lloriqueo y todos vienen al sitio donde están las niñeras. Una de ellas, la de la casa, se levanta disgustada, sacude la ropa del niño lleno de tierra y repite lo de siempre. “¿Por qué no levantáis los pies? ¿No os he dicho que levantéis los pies?
Poco después vuelven los chicos a sus carreras. El jardín se va animando. Llegan unas mozas a buscar agua. Un caballero se sienta en un banco a leer un periódico. Un sacerdote pasea lentamente.
Dan las doce y suena la campana gorda de la Catedral. El caballero que leía dobla el periódico y se marcha. El sacerdote se quita el sobrero y reza. Las niñeras dan por terminada la tertulia y llaman a los chicos, que están entretenidos viendo unos pájaros que se persiguen.
Nos marchamos pensando en las niñeras y en los chicos y tropezando a cada paso en los cantos que salen una vara del suelo. La verdad es que hay que levantar los pies.

Los niños, las niñeras, las mozas, los enamorados y también los viejos.

Todos los ancianos del asilo de San Rafael acudían a su cita con el sol, los árboles, los pájaros y los recuerdos en el Campo de San Francisco .
Arriba, en la caseta del guarda, silenciosos, tranquilos, recibiendo agradecidos las últimas caricias del sol que se despide, los ancianos de San Rafael.
Sentados allí, parecen los dueños del jardín y parece el jardín hecho sólo para alegría de aquellos dueños.
El asilo de San Rafael estaba situado en la calle de Toro. Ya se hablaba entonces de un próximo traslado de los ancianos a otro edificio en el Paseo del Rollo, y de lo imposible que sería ya para aquellos viejos sentarse al sol en su Campo de San Francisco.
 
Alboreaba el siglo XX, Se terminaba una época en la que era posible un asilo en pleno centro de la ciudad. Se le venían encima a los viejos los tiempos modernos. Tiempos, como los actuales, en los que preferimos desterrar de la ciudad las residencias de ancianos. Ignorar la vejez. Mejor no verla. Como si así nosotros pudiéramos habitar para siempre una juventud alargada...
 
En 1921 se alzan las primeras voces solicitando la construcción de una escalinata que una los paseos de Carmelitas y el Campo de San Francisco y se empieza a hablar en los periódicos de llevar allí las estatuas de Gabriel y Galán.

El día de difuntos de ese año, El Adelanto parodia así a don Juan Tenorio:

Escena del sofá, en una dependencia del Municipio, donde se celebra la junta para el homenaje a Gabriel y Galán, discuten nuestros compañeros el concejal y procurador señor Santos Franco y El Timbalero, el sitio donde se ha de emplazar la estatua del poeta salmantino, siendo partidario el primero de que se coloque cerca de la Alamedilla, y el sengundo en el Campo de San Francisco: 
EL TIMBALERO: 
¿No es verdad, procurador,
que en esta apartada orilla
lejos de la Alamedilla 
estará Galán mejor?
Aquí trina el ruiseñor
y en ciertas noches de estío
hay escenas de amorío
que por subido color
te digo, colega mío
que trina el espectador [...]
los arbustos y  la umbría
las flores y hasta el ciprés
¿no respiran poesía,
amigo Blas, como ves?
Desiste ya de tu plan 
y por no armar ningún cisco
deja llevar a Galán
al Campo de san Francisco.
 
En 1926 se inaugura la biblioteca del Campo de San Francisco promovida por la Caja de Ahorros. Una biblioteca pequeña como un kiosco. Presidida por el conjunto escultórico en memoria de Gabriel y Galán que hoy se encuentra a la puerta de la Biblioteca Gabriel y Galán.

La mini Biblioteca abría sus puertas con alegría de kiosco en primavera y verano,  y salpicaba de lectores el Campo de San Francisco.
 
Hoy da pena mirar lo que ha quedado de aquella biblioteca. ¿Tan costoso sería recuperarla y abrirla con la llegada del buen tiempo?


biblioteca 2
 

Muchos son los lectores que habrá acogido el Campo de San Francisco a lo largo de su historia. Carmen Martín Gaite entre ellos. Allí iba a leer (y a pintar) de joven. 
hubo una temporada en que empecé a llevarme El Quijote por las mañanas al Campo de San Francisco, un recoleto parque salmantino del que gustaba mucho don Miguel de Unamuno.
 
Allí, releyendo con gusto un capitulo por el que de niña había transitado sin pena ni gloria, se hizo de pronto la luz:
No pude continuar. Se me paró el pulso y me nació de lo más hondo una sonrisa secreta que nadie podía compartir. Miré alrededor. Una pareja de novios se abrazaba en un banco cercano sin reparar en mí; escuché la algarabía de los pájaros escondidos sobre mi cabeza, vi los dibujos del sol en el suelo, no pasaba nadie más. Nadie se había dado cuenta del extraño prodigio. De repente desde aquel mismo texto […] Cervantes en persona me hacía un guiño y me daba el espaldarazo de caballero andante de las letras […] Aquella mañana de primavera, en el umbroso jardín salmantino, me sentí en posesión del talismán soñado. De allí en adelante podía dedicarme por mi cuenta y sin más títulos universitarios que los que aquel placer me otorgaba, al comentario de textos. Don Miguel de Cervantes me había cursado la invitación. Personal e intransferible.
Tras aquel espaldarazo definitivo, Martín Gaite no sólo pudo dedicarse a comentar textos, también a inventarlos. Y una memoria del Campo de San Francisco se quedó en sus libros.
 
Una de las constantes en la prensa histórica cuando buscas información del Campo de San Francisco son las quejas del vecindario: mendigos que pedían dinero a los paseantes, y que hablaban “con insolencia cuando no se les da metálico”; “espectáculos peligrosos” que daban mozas y mozos demasiado efusivos. El carácter apartado y oscuro del jardín facilitaba que emergieran comportamientos que se oponían mucho o un poco a lo establecido.
 
Este lado oscuro del Campo de San Francisco también lo trata Carmen Martín Gaite en su biografía novelada El cuarto de atrás. Entre las luces y las sombras del parque nos habla de la guerra, de la pobreza y del que dirán:
«Ha salido muy suelta.» «Anda por ahí como bandera desplegada» [...] eso lo decían de las chicas que se iban solas, al anochecer, a pasear con soldados italianos al Campo de San Francisco y llegaban tarde a cenar, con las mejillas arreboladas y un collar nuevo, la guerra no dejaba títere con cabeza, derribaba las demarcaciones de la decencia y de la honradez, a río revuelto ganancia de pescadores, el dinero ya no se conseguía honradamente, «es un negocio sucio», «yo a ése no lo veo claro», la gente sólo quería salvarse, divertirse, sobrevivir, era una locura que se propagaba también a las mujeres, dinero, dinero, ¿de dónde sacarían el dinero?, eran comentarios sincopados, que yo oía, sin entenderlos del todo, y que rumiaba en el cuarto de atrás. «¿Ésa?, ¿que de dónde sacará el dinero? Ésa es una fresca.» Me parecía horrible que alguien pudiera llegar a decir alguna vez de mí que era una fresca, hoy la frescura es sinónimo de naturalidad, se exhibe para garantizar la falta de prejuicios y de represión, sobre la mujer reprimida pesa un sarcasmo equivalente a la antigua condena de la mujer fresca, la frescura era un atributo tentador y ambiguo de libertad, igual que su pariente la locura. «¿Ésa? Ésa es una loca»; y sobre todos aquellos comportamientos anómalos y desafiantes imperaba una estricta ley de fugas: las locas, las frescas y las ligeras de cascos andaban bordeando la frontera de la transgresión, y el alto se les daba irrevocablemente con la fuga. «Ha dado la campanada; se ha fugado.» […] quedarse, conformarse y aguantar era lo bueno; salir, escapar y fugarse era lo malo>>. Carmen Martín Gaite
O por fresca o por reprimida, la sociedad siempre ha encontrado en todos los tiempos motivos para condenar a una mujer.
 
La historia del Campo de San Francisco nos habla de esas mujeres condenadas, las que por un motivo u otro andaban o podían terminar andando por ahí en boca de todos “como bandera desplegada”, de las acogidas de las Adoratrices, de “fugadas” que no pueden más y saltan las tapias que las encierran. Nos habla también de mujeres y de hombres que a la hora del paseo daban vueltas y más vueltas, sin ir a ninguna parte, alrededor de un jardín, soñando al sol con un amor brillante que diera un poco de sentido a todo. Y nos habla de niños que juegan y de viejos que se recuerdan niños. Y de Unamuno y de Gaite. Y de árboles que ya no existen.
 
El Campo de San Francisco está lleno de historias. Y la fuente del Campo debe de sabérselas todas. De esa fuente decía Unamuno: “soñando en la mar el agua canta/ reló de siglos...” El agua de esta fuente que sueña con el mar nos canta una historia de siglos. Una historia casi desaparecida, como la mitad perdida del Campo de San Francisco.


 

Una historia que nos habla también del fantasma del abandono que ha perseguido al Campo de San Francisco desde siempre. En la actualidad anda medio instalado a su aire en todo el Campo. Da pena ver el parque manchado de pintadas, tan sin vigilancia y tan solitario, que según a qué horas te lo piensas dos veces si vas a atravesarlo

Parece que ahora se vuelve a hablar de la posibilidad de convertir la huerta de las Adoratrices en jardín público. Ojalá el proyecto se convierta en realidad. Ojalá.  Ese terreno siempre perteneció al Campo de San Francisco. Sería precioso abrir el muro del convento y dejar que se lo quede todo el Campo.

Imaginemos un Campo de san Francisco que recupera su mitad perdida. Que las pintadas se fueran borrando. Que estuviera algo vigilado. Y en lo alto del parque, imaginemos una biblioteca remozada que reabre sus puertas con la llegada del calor y de los vencejos. Imaginemos.



BIBLIOGRAFÍA
  • La Basílica Teresiana' - Epoca Tercera Año II Número 18 (15 12 1915)
  • El Adelanto  Diario político de Salamanca:  19 de septiembre de 1906. 25 de enero, 1 de agosto, 27 de mayo de 1907,  22 de junio de 1912, 21 de marzo, 28 de octubre de 1916, 12 de febrero de 1917, 15 de febrero, 15 de octubre de 1919, 11 de mayo de 1921. 18, 19 de mayo,
  • Región  diario de la mañana Año IV Número 1015 - 1926 septiembre
  • 'El Salmantino  periódico semanal' - Época Segunda Año VI Número 654 (08 08 1912)
  • El Correo salmantino  periódico de ciencias, artes, comercio, noticias y anuncios' - Epoca SEGUNDA Número 4 (08 07 1851)
  • El Progreso  periódico político bisemanal Año I Número 25 - 1884 julio 1, agosto 10, 1885 mayo 31
  • El Fomento  revista de intereses sociales Año VII Número 849 – 1886 16 de diciembre, 1887 enero 27
  • Adelante  revista salmantina de ciencias, artes, literatura é intereses materiales Año VIII Número 645 - 1867 febrero 24. 10
  • El Independiente Año I Número 36 - 1902 septiembre 7
  • El Lábaro: diario independiente Año II Número 403 – 1898 julio 28
  • El Resumen: Revista semanal Año I Número 17 - 1911
  • Historia de Salamanca. Manuel Villar y Macías.
  • Salamanca por dentro. Fernández Villegas, Francisco. Salamanca. Esteban hermanos. 1889?
  • Viviendas salmantinas de don Miguel. García Blanco, Manuel. Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno. 1955, nº 6, p. 65-75. Documento disponible en: gredos.usal.es.
  • España
  • Salamanca la gran metáfora de Unamuno. Luciano Egido. 
  • Medallones salmantinos: nueva serie. García Boiza. Antonio. Calatrava. 1926 
  • Salamanca y sus alrededores. Su pasado. su presente y su futuro. Toribio Andrés. Eleuterio. Cervantes 1944
  • Urbanismo de salamanca en el siglo XIX. García Catalán. Enrique. 2013
  • Los restos de san Francisco el grande. Pablo Almeida. http://elsuelodesalamanca.blogspot.com.es/2010/01/los-restos-de-san-francisco-el-grande.html
  • Retrato. Unamuno paseando con una mujer con velo y un hombre por el Campo de San Francisco en Salamanca. 1923. Fondo Miguel de Unamuno. Disponible en Repositorio documental Gredos. bajo la Licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España
  • Retrato. Miguel de Unamuno de perfil sentado en muro en parque de San Francisco. Al fondo, Pontificia. Salamanca. 1934. Fondo Miguel de Unamuno. Disponible en Repositorio documental Gredos bajo la Licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0
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Comentarios

  1. Gracias por volver a llenar nuestras mentes de historias, leyendas y experiencias. Te agradezco todo el esfuerzo que haces para que sepamos más, y con veracidad, sobre la historia de Salamanca.

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    1. Muchas gracias a ti por tu comentario, y por leer!! Es un placer bucear en la historia de Salamanca y en las anécdotas de la prensa vieja aún más. Me hace mucha ilusión que te guste Víctor T. ¡Gracias! :)

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