Salamanca en verano. Veranos de antaño

A los salmantinos que por a, por be, por jota o por zeta no podemos escapar unos días a la playa, nos queda el consuelo de las piscinas, los helados en las terrazas, las noches de Fonseca, el aire libre de algún cine o el acondicionado de los demás, y el fresco de las altas horas de la noche.
 
Y es que trescientos sesenta y cinco días de Salamanca son muchos días. Salamanca es preciosa pero también pesada. Y con la llegada general de las vacaciones, apetece poner distancia de la rana, de la plaza, y de las campanadas del reloj de la Catedral que recuentan cada segundo de nuestras vidas.
 
calle Rua Salamanca
 
Al llegar el verano, Salamanca misteriosamente a los salmantinos se nos achica. Sus calles estrechas se estrechan más y la Plaza Mayor por algún prodigio raro se nos encoge. (Es posible que fenómenos igual de extraños los experimenten también en otras ciudades sus habitantes de diario, no digo que no) En cualquier caso, ser salmantino en Salamanca, todos los días y a todas las horas los meses del verano, es un papelón.
 
Lo ha sido siempre.


 
Cuentan los periódicos viejos que en los veranos de antaño, Salamanca se moría de calor. Los salmantinos pudientes, o los que hacían un poder, cogían los trenes rumbo a las brisas frescas del norte; sobre todo San Sebastián. Cuentan que las calles se quedaban desiertas y la única animación sucedía en el andén de la estación de ferrocarril: gente subiendo o bajando de los trenes; huyendo, los que podían, del verano salmantino, y volviendo de balnearios y playas los que habían agotado ya sus días de libertad.
 
En la ciudad, los salmantinos pasaban el verano recluidos en casa. Cuentan los periódicos que asomaban la nariz a eso de la caída del sol, y se quejaban de que no hubiera bancos en condiciones ni luz suficiente en la Alamedilla, en el campo san Francisco, en el paseo de Colón, en el paseo de Carmelitas y en la zona de la Glorieta, que eran los lugares donde la vegetación refrescaba un poco los calores del verano.
 
paseo carmelitas salamanca
Los paseos diarios a base de vueltas y más vueltas por la Plaza Mayor se suspendían a excepción de los jueves y los domingos. Los paseantes domingueros y juevesinos contaban con una banda de música que animaba su pasear en círculos. Y al ritmo de la música aquellos salmantinos hacían lo que mejor sabemos hacer: charlar unos con otros, hablar de esto o de aquello, de éste o de aquel, arreglar de boquilla los problemas de España, alimentar las esperanzas de que una concreta amistad llegara a algo más…; en resumen, vivir.
 
plaza mayor salamanca
El café Novelty y el Pasaje sacaban mesas y sillas. Los jueves y domingos se llenaban de gente y era complicado hacerse un lugar para tomarse el cafelito o el refresco. Pero el resto de la semana nadie se sentaba en aquellas mesas. Si no era jueves o domingo, la plaza mayor se quedaba vacía y sola.
 
Plaza Mayor de Salamanca
Los aficionados al paseo se trasladaban esos días a la Alamedilla. Y los paseos se alargaban entre los jardines hasta las once de la noche. No sé yo si hoy la Alamedilla es segura a eso de las once de la noche. Pero se ve que en siglos pasados lo era.
 
Al compás de las once campanadas los salmantinos empezaban a recogerse. Los que opinaban que la noche aún era joven, caminaban inevitablemente rumbo a la Plaza Mayor. Porque no hay salmantino que se precie que no baje al menos una vez al día a la Plaza Mayor. Ya lo decía el Adelanto en 1908:
 
Todo salmantino lleva dentro algún recuerdo de la plaza, algo que le hace quererla y que le lleva a ella, inevitablemente, uno y otro día.
 
plaza mayor salamanca nubes
Así que a eso de las once y algo empezaban a llegar salmantinos a la Plaza Mayor. Tomaban asiento en los bancos de piedra, entre los jardines que en tiempos tuvo la plaza, y se enzarzaban en tertulias animadísimas que duraban hasta las dos o las tres de la madrugada.
 
Los más comodones, que tenían la suerte de contar con alguna plazoleta o una calle poco concurrida a las puertas de sus casas, renunciaban al desacarreo de bajar por la noche a la plaza, cogían el butacón más cómodo de casa, cargaban con él escaleras abajo, y lo aposentaban en la calle donde los demás vecinos habían bajado también su butacón favorito:
 
Sentados en cómodos butacones, despojados de toda ropa superflua, estos vecinos se encuentran en la mejor de las playas rodeando la puerta de entrada de sus casa y teniendo en el centro del corro un hermoso botijo […] De vez en cuando uno de los concurrentes a la tertulia abre un paréntesis en la conversación, coje el botijo, lo coloca a gran altura y el chorro que de su pitón sale, es recogido ávidamente por el asfixiado vecino. […]
—Le digo a usted, doña Elvira, que este calor es verdaderamente insoportable.
—Atroz, don Julián, atroz. Si no fuera por estas noches, relativamente frescas, era imposible la existencia en este antiquísimo proyecto de urbe civilizada. No sé como a mi mente, acalorada, como es natural, se le ha penumbrado la maquiavélica idea de aposentarnos todo el verano en Salamanca. […]
[…] suenan las doce en los relojes de las habitaciones abiertas de par en par y sus moradores todavía siguen haciendo elogios de los fríos del invierno, aunque durante este se les oiga continuamente la frase de <<¡vaya un frío!>> y otras análogas.
—Ustedes perdonen que me presente en estas formas. Pero es que ahí arriba es material y respiratoriamente imposible aguantar la existencia. Calculen ustedes, ¡36 grados!
Y don Jesús aumenta el corro, aumenta la tertulia y disminuye el agua del botijo en cantidad alarmante, hasta el punto que tiene que ser sustituído por otro recipiente refrescante perteneciente a la familia del principal.
[…]
—Yo lo que opino es que debemos comernos una sandía, que debe estar a estas horas superior.
—¡Ay, don Jesús! No sea usted ordinario, por Dios… ¿Ahora una cucurbitácea? No, no…
—Señora, Esta clase de frutas no obligan a todos como las disposiciones vigentes que han emanado del seno del Poder público.
Don Jesús trata de quedarse con la cursi, remedando las frases y acciones de ésta. Y a los pocos momentos pasa la sandía de mano en mano, quedando vertiginosamente consumida.
[…]
Cuando ya el repertorio y el último botijo van agotándose, los vecinos empiezan a bostezar […]
Estas pruebas evidentes del sueño hacen que los señores adviertan a sus cónyuges lo intempestivo de la hora, desanimándose por consiguiente la tertulia.
Cada cual mira su reloj, coge su butacón y comienza la dificultosa subida por las oscuras escaleras hasta que don Jesús, que vive en el segundo ha dejado a todos a las puertas de sus habitaciones.
—Vaya, hasta mañana.
—Adiós, que usted descanse.
—Buenas noches.
García de Lara (El Salmantino Periódico Semanal)
Los amantes de la música podían cambiar las tertulias nocturnas por los conciertos que organizaba en su patio el café el Pasaje.
 
publicidad el Pasaje Salamanca Prensa histórica
Recorte de Decíamos Ayer Revista Escolar. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica

El reportero de El Adelanto, contagiado un poco de la monotonía del verano escribe:
Luego, el concierto termina bajo aquella agradable impresión, y abandonamos el lindo patio del Pasaje, en el cual hemos soñado y hemos vivido un buen rato, unas veces tristes y otras alegres, según la música lloraba o reía… Y así todas las noches…
De la monotonía y del bochorno se quejaba también otro reportero de El Adelanto:
¿Qué culpas tenemos, o qué males hemos hecho los que no podemos veranear en sitios frescos y apetecibles, para que encima se nos caldee a lo vivo y se nos ponga la cabeza lo mismo que una fragua, que no esté apagada.
Pues no, señor; para los que nos resignamos a vivir en las playas de la plaza, o en el patio del Pasaje, oyendo música francesa y rusa (que es lo que ahora priva), no hay salvación posible.
[…]
Bochornoso es, en alto grado, para un periodista, escribir de este tema, porque ello indica la carencia de asunto o la falta de imaginación para inventarlo, echadle la culpa a esta bochornosa Salamanca, que no da más de sí, y que lo es en alto grado: porque bochorno también se llama, según los señores de la Academia a “el calor que produce una grande calma, o el mucho fuego”…
¿Y qué más calma, y qué mas fuego que los que hay en Salamanca estos días?
Y cuando la calma y el fuego apretaba, los salmantinos contraatacaban fantaseando con las Ferias de septiembre:
Los presupuestos familiares no suelen dar para mucho, y de ahí que si se veranea, tiene uno que pasarse la feria en casa o en la plaza Mayor viendo las iluminaciones.
[…]
Conozco a uno que estaba ya a punto de veranear. Pero surgió el conflicto: si había veraneo, no había feria.
[…]
—¿Papá este año, como no veraneamos, me llevarás a una corrida?
—Sí hija, sí; a la tercera.
—Y al teatro…
—Todas las noches.
—Y a Novelty.
—Por las tardes.
—Y al cine.
—A todo, hija mía, a todo
Pero entretanto llegaban las soñadas ferias había que espantar al bochorno.

Acudían los salmantinos a oxigenarse a la Chopera del Tormes. Y los que querían darse un chapuzón debían ir a las zonas designadas por el Ayuntamiento. Diferenciadas para mujeres y para hombres, que en aquella época lo de las mezclas era un tanto problemático.
 
zonas de baño Tormes Prensa histórica Salamanca
 
El Tormes, comprensivo con los calores charros, disminuía benévolo el caudal por estas fechas para facilitar la vida a los bañistas. Pero la bondad de un río siempre es engañosa
 
Río Tormes desde el Puente Romano de Salamanca

Cada verano el Tormes se cobraba alguna víctima. Y el aburrimiento canicular se sacudía:
—¿Te has enterado? Han sacado del río a un ahogado…
Y el que recibía la noticia, y el que la daba, un poco se estremecían. Y buscaban toda la información en los periódicos bajo el titular: “La desgracia de hoy”.
 
Y así, entre paseos, conciertos, tertulias, excursiones a la Chopera, sobresaltos, alguna que otra incursión a la horchatería, algún que otro helado de mantecado o de leche merengada, se iban pasando los rigores estivales y aproximándose las fantasías de las Ferias.
 
Aquellos salmantinos disfrutaban su verano tirando de botijo, tirando de ilusiones y tirando buen humor:
 
QUISICOSAS
[…]
Se dice con fundamento
que Salamanca en verano,
sin ser del todo un portento
es de clima fresco y sano.
Pero como cuando aprieta
estamos que se echa espuma,
el que tiene una peseta
hacia las playas se esfuma.
[…]
Se marchan y ya tu ves,
lector, nuestro porvenir:
jueves y domingo ir
a escuchar el <<un, dos, tres>>
Yo aplaudo la decisión
de tanta gente resuelta,
y les deseo una vuelta
de feliz recordación.
Que aún cuando en la capital
en época de calores
se sortea el temporal
con habilidad, lectores,
[…]
Sin negar hechos seguros
de que aquí no es malo el plan,
en cuanto tenga cien duros
¡me voy a San Sebastián!
(El Adelanto. 1916)
No sé a vosotros, pero a mí este verano me dan ganas de recuperar el botijo.
 
¡Feliz verano a los que os quedáis y a los que os vais!
 
Entrada <<patrocinada>> por ¡Arriba las vacaciones! ¡Abajo el estudiar! ¡Los libros a la basura y…!
 
BIBLIOGRAFÍA
  • El Salmantino : periódico semanal Año Segunda Número VIII - 1916 junio 17
  • El Adelanto: 14 de julio de 1900; 25 de junio de 1906; 3 de agosto de 1907; 8, 19 de agosto de 1908; 6 de agosto de 1909; 16 de agosto de 1910; 4 de agosto de 1916
  • Decíamos Ayer Revista Escolar mensual. Publicada por los alumnos del colegio de Calatrava: 20 de diciembre de 1920
  • La Voz de Castilla  diario de la mañana. Defensor de los intereses agro-pecuarios de la región: 1 de junio, 3 de julio de 1924
  • El Salmantino  periódico semanal: 24 de agosto de 1918
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Comentarios

  1. Rememorando viejos tiempos y viejas formas de vivir y pasar los calores salmantinos, porque algunas cosas se mantuvieron casi tal cual durante bastante tiempo.

    Enhorabuena por este toque de añoranza, aunque eso no quiere decir que cualquier tiempo pasado fuera mejor.

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    1. Hola! Muchas gracias por comentar. Estoy contigo en eso de que cualquier tiempo pasado no fue mejor, desde luego que no, pero la añoranza es muy lista y se queda con lo bueno y se olvida de lo peor. ¡Saludos!

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  2. Hola Laura:
    He retomado un poco la actividad del blog después de un parón porque no se me ocurría nada. Me he paseado por el tuyo, y me he encendido. MI INCONDICIONAL APOYO PARA LO QUE HAGA FALTA. TE ENTIENDO A LA PERFECCIÓN. A mí me han robado fotos del blog agencias de viajes, Instituciones, y lo más sangrante, gente de mi entorno a los que creía familia, superfuerte. La cuestión de fondo es que somos imbéciles, somos unos fiados, unos inocentes. Tenemos una inquietud artística que necesitamos plasmar, y el blog es un vehículo perfecto, y es esta necesidad la que nos nubla la vista y no vemos a la hiena que acecha tras el matorral. Ya te puedes matar a poner licencias, condiciones de uso etc., que el que lo necesita se lo apaña sin ningún rubor ni cargo de conciencia,; es más, encima se pone chulo defendiendo lo indefendible, aludiendo a un supuesto "buenrollismo" entre internautas. Unos jetas, mala gente, buitres que se aprovechan del esfuerzo ajeno, del desprendimiento intelectual de la gente particular para ellos ganar dinero . Yo no supero cómo este familiar creó una página con mis fotos, sin mencionarme, y llevándose los parabienes del entorno, como si las hubiese tomado él. El cabreo no se supera. Es algo que se lleva dentro. Ahora, también te digo que sigues haciendo el panoli, y publicando de la misma manera pues la inquietud de transmitir sensaciones es superior al interés crematístico.
    Te repito mi super apoyo y mi total comprensión.
    Un abrazo.
    Jesús.
    P.D. Totalmente de acuerdo que aguantar un año entero en Salamanca sin salir se lleva mal.

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    1. Hola, Jesús! Y no olvides el argumento rey de esta gente: ¡¡Sé más humilde y siéntete orgulloso de que te hayamos robado y usado tu trabajo!! De locos. Reír por no llorar. ¡Ánimo, Jesús! Lo que tenemos que hacer es seguir con nuestros blogs mientras nos siga llenando y sirviendo la experiencia, y a la menor denunciar públicamente.

      Un abrazo, Jesús.

      pd: muy buena noticia que tu blog vuelva a estar activo. ¡me pasaré!

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